Harvard BS analiza el futuro de los MBA
¿Cuál es el verdadero potencial de los MBA? ¿Podrán superar la crisis y seguir siendo el paradigma de la educación ejecutiva? En la Escuela de Negocios de Harvard se han hecho esta misma pregunta y han tratado de darle respuesta a través de un extenso estudio.
José Trecet · Redacción WayToMba
Cien años de vida dan para mucho, especialmente si se trata de un centro como la Escuela de Negocios de Harvard. Sin embargo desde la institución no quieren mirar al pasado sino vivir otro centenario plagado de éxitos. Por eso, no han tardado en preguntarse si está en peligro su negocio. Es decir, ¿cuál es el futuro de los MBA y de la educación ejecutiva? Y para averiguarlo han llevado a cabo una exhaustiva investigación.
Jay Light, decano de escuela, explica en tono jocoso que “creemos que es necesario analizar de forma crítica tus actos cada 100 años o así, tanto si lo necesitas como si no”. En realidad, fue la única licencia que se permitió Harvard durante la presentación del estudio llevado a cabo por los profesores Srikant Datar y David Garvin. Se trata de un informe sin precedentes en el que han participado 30 decanos de las escuelas más prestigiosas del planeta. A éstos se les ha entrevistado y asimismo a distinto reclutadores y, por último, a una centena de alumnos en grandes y pequeños grupos. Para este análisis se ha recurrido, además, al método del caso a fin de elaborar escritos concretos sobre la propia Harvard, INSEAD, Stanford, Yale, Chicago y el Centro para el Liderazgo Creativo de Harvard.
Los resultados del estudio no han sido todo lo positivos que cabría esperar e incluso algunos miembros de Harvard los han calificado de “depresivos”. Sin embargo, la realidad parece algo diferente, sobre todo teniendo en cuenta el crecimiento de las solicitudes de admisión en los últimos años y especialmente desde el comienzo de la crisis. De hecho, los aspirantes a cursar un MBA no son los únicos que han crecido en número, las escuelas de negocios también lo han hecho. El año 2008 terminará con cerca de 500.000 centros en todo el mundo, 150.000 de las cuales se encuentran en Estados Unidos. Pero ¿hasta qué punto son un reflejo de la realidad estas cifras? La respuesta a esta pregunta depende del interlocutor y para algunos está más que clara: sólo indican que las escuelas avanzan en la dirección incorrecta, formando a estudiantes que no deben de forma inadecuada.
En este sentido, la crítica más repetida a los MBA es su excesiva preocupación por los aspectos teóricos y lo alejados que se encuentran de lo que ocurre en el mundo real. En los últimos tiempos también se le ha añadido una todavía más dura, su incapacidad para generar liderazgo, algo que muchos siguen pensando que no se puede enseñar en un aula, así como su excesivo empeño en perpetuar un modelo basado en el premio a los accionistas.
Estas censuras hacia las escuelas de negocio no son más que el reflejo de su fracaso a la hora de adaptarse a los nuevos tiempos. En la década de los 60 y los 70 los graduados MBA aportaban valor, conocimiento del negocio y de la gestión, lo que les convertía en el ‘blanco’ perfecto para casi todas las empresas. Esto ya no es así de acuerdo a varios decanos. Y es que el foco de la educación ejecutiva que proveen los MBA ha virado paulatinamente hacia un tipo de graduado muy cualificado en el ámbito cuantitativo, pero sin el conocimiento de las llamadas habilidades blandas. Es decir, no se trata de líderes natos con capacidad para gestionar equipos de personas, motivar, comunicar…El mejor ejemplo de esta tendencia es que casi dos tercios de los alumnos que salen de las escuelas de negocios se dirigen hacia el sector financiero y el de la consultoría.
En su momento los MBA y su curriculum tenían sentido para el desarrollo del negocio. Tal y como explica Joel Podolnyj, decano de la Escuela de Negocios de Yale, en aquel periodo era cuando empezaban a surgir grandes empresas con un organigrama vertical y en el que “un directivo tipo desarrollaba su carrera con una sola función y un solo tipo de trabajo”. Sin embargo, ahora las empresas necesitan líderes que sepan detectar las oportunidades y solucionar los problemas que surgen más allá de los límites de sus funciones”. En el fondo lo que se busca es directivos con capacidad de emprendimiento que no se encorseten en sus propias funciones y sean capaces de ver la imagen global del negocio.
El informe de Harvard apunta una serie de elementos que todas las escuelas de negocio deberían incluir en sus curriculum para hacer frente a estos desafíos. Los más importantes son la globalización, la enseñanza experimental y el desarrollo del liderazgo.
La globalización es quizás el cambio más obvio que deben acometer los MBA. Tradicionalmente los programas de educación ejecutiva cuentan con un importante componente nacional e incluso local, que no termina de encajar dentro de un modelo de un mundo de los negocios cada vez más global. En definitiva, si cuentas con un marco global robusto y te mueves a través de sus límites no es necesario enseñar país a país, por lo que el primer paso de cualquier escuela de negocios es ‘atar’ todo lo referente a la globalización. Además, así siempre podrán ‘colocar’ a sus estudiantes en multinacionales que operen en todo el mundo. Al final, se trata de entender cómo está cambiando el mundo para poder formar a los estudiantes de la manera adecuada. Y según Harvard la mejor forma de hacerlo es a través de diferentes centros de investigación en todo el mundo.
Respecto al segundo de los elementos, lo más importante es hacer hincapié en el apartado práctico, que permita a los estudiantes desarrollar los conocimientos adquiridos en el aula. Un buen ejemplo son los periodos de estudio en otras localizaciones y países que permiten conocer de cerca la forma de hacer negocios en otros lugares.
Por último, el desarrollo del liderazgo es uno de los elementos más complicados. La forma de educar a los líderes ha cambiado a lo largo de los años y la nueva generación de directivos poco tiene que ver con la de hacer unos cuantos años. Sin embargo, sí que existen puntos en común, como las que tienen que ver con la comunicación y gestión de grupos humanos. En el fondo, esta es la diferencia entre formar gestores directivos o administrativos.
Las llamadas habilidades blandas (‘soft skills’) tienen un componente mucho más práctico y sobre un trato más directo y personal entre profesores y alumno. Las mayores dudas en este apartado es si unos profesores más acostumbrados a imbuirse en el mundo académico serán capaces de llevar a cabo esta tarea. Por eso, las escuelas de negocio están empezando a cambiar el perfil de profesionales que contratan hacia un perfil más experimentado en el plano práctico y los denominados coaches, que paulatinamente comienzan a entrar en el mundo de la educación ejecutiva.
Centros para el liderazgo, asignaturas sobre comunicación, gestión de grupos… son sólo algunos de los avances que se están realizando en esta área. Por su parte, Harvard sigue apostando por combinar sus centros de investigación y programa específico para el desarrollo de habilidades directivas con su ya famoso método del caso.
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